TESTIMONIO: José Antonio Mozos

           Mi nombre es José Antonio, tengo 30 años y colaboro en la parroquia de San José de Puertollano entre otras cosas como animador de jóvenes, a continuación voy a dar un testimonio de mi vida como cristiano con los diferentes momentos y situaciones que a lo largo de ésta he experimentado.JOSÉ ANTONIO

            Yo nací en el seno de una familia católica, por lo que al mes de nacer fui bautizado, y aunque en aquel momento claro está, no era consciente de lo que eso suponía para mí, estaba entrando a formar parte de la familia de la iglesia lo que ha marcado a partir de ese momento mi existencia.

            De pequeño solía ir a misa con mis padres los domingos, hasta que llegó el momento de mi preparación para recibir la primera comunión, llevando a cabo dos años de catequesis. Esta formación me animo para que una vez recibida la primera comunión siguiera en catequesis de postcomunión, participando además en el coro parroquial y en diferentes actividades relacionadas con la catequesis como teatro, clases de música, etc, en el centro parroquial.

            Cuando tuve la edad para poder prepararme para recibir el sacramento de la confirmación, no hizo falta que nadie me animara, yo mismo fui a buscar una parroquia donde hubiera grupos de catequesis para la confirmación, movido por la necesidad de confirmar mi fe en Dios. Esta búsqueda de grupo me llevo a formar parte de la comunidad parroquial de San José, en la cual continúo hoy en día, y la que ha marcado mucho mi vida como cristiano, a pesar de que durante un tiempo estuve distanciado como explicaré mas adelante.

            Realice tres años de catequesis para recibir el sacramento de la confirmación, durante los cuales me involucre en la vida de la parroquia, cantando en el coro, participando en la pascua joven, realizando actividades con niños…, llegando finalmente el momento de recibir el sacramento, siendo ese día muy importante y especial para mí ya que me reafirmaba en la fe que recibí por el bautismo de manera voluntaria.

            Una vez confirmado comencé mis estudios universitarios y poco a poco fui abandonando la comunidad parroquial e incluso mi vida de cristiano, dejando de ir a misa por completo y desinteresándome de todo lo relacionado con la iglesia; a pesar de esto yo seguía rezando en la intimidad. Durante los primeros años me sentía a gusto con esta situación, pero llegó un momento en el que sentía que me faltaba algo, -y ahora sé lo que era, por una parte tenía necesidad de participar en la eucaristía y además necesitaba hacerlo junto a la comunidad, ya que la fe no es algo que se deba vivir de forma independiente-, pero no hice nada por remediar esta situación.

            Tras acabar la carrera, me salió un trabajo como técnico de patrimonio en Toledo, por lo que empecé a entrar en contacto con parroquias y órdenes religiosas de la ciudad por el tema de las obras de arte, llevándome esto a volver a participar en la eucaristía de nuevo, además de forma cada vez más asidua, volviendo a sentirme otra vez lleno del Espíritu. Al terminar mi contrato y volver a Puertollano deje otra vez de asistir a la eucaristía, esta vez por vergüenza, debido a que ya no tenía una comunidad parroquial de referencia y además de nadie que me acompañara por lo que tenía que ir solo y esto me desalentaba, esta situación me producía un gran desánimo porque veía que volvía a perder lo que había recuperado.

            Comencé un curso de monitor y a la hora de hacer las prácticas, volví a retomar el contacto con la comunidad de San José para ir como monitor en prácticas al campamento de verano, siempre he pensado que Dios puso esto en camino para facilitar mi vuelta y llenar ese vacío que sentía de Él por no participar en la eucaristía.

            A partir de ese momento no me he desvinculado de la comunidad parroquial, participando cada vez en más grupos y acciones parroquiales, como catequista, en el coro, asambleas familiares cristianas, y en todo lo que se pide mi ayuda, además de en otras acciones que se realizan a nivel diocesano, porque he comprendido que hay que empaparse del mensaje de Jesús para transmitirlo a los demás, evangelizar con mayúsculas y llevar dicho mensaje a la realidad de nuestras vidas en el día a día, no sólo con palabras sino con obras.

            Dos momentos muy especiales han marcado mi vida como cristiano por una parte asistir a las JMJ de Madrid 2011, además de todos los encuentros preparatorios que tuvieron lugar en la Diócesis de Ciudad Real, porque esto me llevó a ver que hay muchos jóvenes igual que yo, que tienen la misma fe y que siguen a Jesús, y que no hay que desanimarse porque a lo mejor en tu entorno la gente pase e incluso te critique por practicar tu fe. Nunca se me olvidara el lema las jornadas porque a partir de aquel momento lo hice mío “Arraigados y edificados en Cristo firmes en la fe”. Otro de los momentos fue realizar en el verano de 2012 el camino de Santiago, donde trabaje mi fe de forma más intima, saliendo ésta muy reforzada.

            Actualmente estoy cursando estudios de teología en el Institutito de teología de la Diócesis de Ciudad Real, esto me vale entre otras cosas para conocer de forma más profunda mi fe y las bases y contendidos de misma, por ejemplo a saber leer la Biblia que es uno de los pilares fundamentales de nuestra fe.

            Una cosa que les digo a los chicos y chicas a los que doy catequesis de confirmación, y que voy a utilizar a modo de conclusión, es que pongamos a Cristo como centro de nuestra vida, que la fe la vivamos en comunidad y que participemos asiduamente de la eucaristía, que no nos desanimemos porque nuestro entorno sea contrario porque hay mucha gente que practica la misma fe que nosotros y lo más importante que tenemos un amigo que nunca nos abandona, Jesús, que siempre está ahí tanto en los malos como en los buenos momentos.

TESTIMONIO DE ALBERTO DOMÍNGUEZ EN LOS DÍAS PREVIOS A SU ORDENACIÓN SACERDOTAL

Os dejamos el testimonio de Alberto, que el próximo 6 de Abril será ordenado sacerdote y que actualmente se encuentra ejerciendo

 

ALBERTOQuedan pocos días para mi ordenación sacerdotal, y ante este acontecimiento que va a marcar mi vida para siempre, son muchos los momentos en los que me he parado para examinar ¿cómo y por qué he llegado hasta aquí?

Echando la mirada hacia atrás te das cuenta del paso de Dios por tu vida –eso es la pascua-, un paso silencioso, pero que te da a conocer el verdadera sentido de la vida.

Siempre he creído que por medio de su Palabra, Dios se dirige a mí, conociéndolo a Él y dándome a conocer su proyecto. Por eso, para explicar cómo Dios ha pasado por mí vida me gusta hacerlo desde su Palabra.

“Antes de haberte formado yo en el vientre, te conocía, y antes de que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí” (Jr 1,5).

La vocación no es algo que se improvisa o que surge del propio deseo, sino que Dios piensa en cada uno antes de haber nacido. Tener vocación es caer en la cuenta de que estás en el mundo porque Alguien te ha amado, mucho antes de que tú fueses consciente.

Muy pequeño comencé a ser monaguillo, y de esta manera fui conociendo a Jesús, fui siendo consciente de su amor; a lo cual tengo que decir que contribuyó mi familia y el sacerdote de mi pueblo. ALBERTO 2Cuando era pequeño quería ser como mi cura, pero cuando llegó el momento de dar el paso para ingresar en el Seminario me eché atrás, aparecieron los miedos, ya que era mucho lo que había que dejar, tenía que desechar mis proyectos para hacer los de Otro, los cuales no controlas, por lo que respondí como el profeta: ¡Ah, Señor! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho (Jr 1, 6).

En estos años tuvo lugar mi confirmación y fue mucho el contacto con los seminaristas que venían de pastoral a mí parroquia. Entre tanto, me daba cuenta que aquellos que me rodeaban no eran felices de verdad, buscaban aditivos para alcanzar una felicidad que en el fondo no llenaba, “andaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor”(Mt 9,36). Fue decisivo el acompañamiento de los sacerdotes ,que me ayudó a ir poniendo nombre a lo que me sucedía. Por lo que después de muchas resistencias, y de caer en la cuenta del propio pecado, con la ayuda de Dios, dí el paso para seguir más de cerca de Jesús. en este camino son muchas las veces que percibes la voz del Señor que en otro tiempo dijo al profeta: “No digas: soy un muchacho, pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy para salvarte” (Jr 1,7-8).

TESTIMONIO DE LALA Y JESÚS

Lala y Jesús son un matrimonio que actualmente viven en Las Casas, un pueblecito al lado de Ciudad Real, y que han sido quienes  han acompañado al grupo de marimonios de la Parroquia en el pilotage del mismo dentro del Movimiento de los Equipos de Ntra. Sra.

        Les tenemos todos mucho cariño. Ellos nos han aportado mucho con su testimonio, sencillez y entrega. Por eso les hemos pedido un testimonio para la web parroquial.

Hola, somos Inmaculada y Jesús. Queremos contaros nuestro Testimonio de vida.jesus y lala 2012

Nos conocimos en 1971 cuando éramos apenas unos niños, 13 y 14 años. Lo que en principio era casi un juego rápidamente se convirtió en amor. Crecimos juntos, pasamos la adolescencia y nos hicimos adultos siempre el uno junto al otro. Aprendimos a ser camaradas, compañeros y amigos. A compartir esfuerzos, penas y alegrías. Terminamos nuestros estudios y, por fin, nos casamos en el año 1986. Tenemos dos hijos maravillosos.

Provenimos de dos familias que nos transmitieron, como a casi todos, la semilla de la   Fe. Durante el noviazgo seguimos siendo practicantes. Compartíamos nuestras creencias y casi siempre íbamos misa y rezábamos juntos. Compartíamos a Dios. Estuvimos estudiando la carrera en Madrid. Para nosotros fueron años muy felices pero también difíciles en los que aprendimos a conocernos, a respetarnos. Empezamos a ser pareja, a darnos cuenta que nos teníamos el uno al otro, que podíamos confiar en la otra persona, a pensar en plural. Durante esta época seguimos siendo fieles al Señor. Es difícil de explicar. Sentíamos o presentíamos que realmente éramos tres y no dos. Dios nunca fue un Ser extraño a nosotros, nunca lo pusimos a parte. Quizá intuíamos que, de entre todas las personas posibles, Dios nos había escogido el uno para el otro. La sensación de agradecimiento personal de cada uno de nosotros por el regalo que nos había hecho de la otra persona, nos hacía compartir con Él nuestras vidas, hacerlo cómplice de nuestro amor.

Luego vinieron los primeros años de matrimonio. Creamos un hogar abierto en que compartimos con todo aquel que quiso nuestro pan, familia y alegrías. Acometimos entusiasmados la educación y crianza de nuestros hijos. También tuvimos agobios económicos, problemas laborales, pequeños fracasos, buenos y malos momentos. Sin apenas darnos cuenta, quemando etapas agotadoras de 24 horas, casi sin reflexión, pasó el tiempo y nos encontramos con los hijos adolescentes. Ahora ya se vestían y comían solos. Aparecieron otro tipo de problemas y preocupaciones aunque también comenzamos a tener más tiempo para nosotros y, porqué no, para los demás. En este periodo empezamos a sentir que nuestro cristianismo se nos quedaba pequeño, que el cristiano que no avanza, realmente retrocede.

LALA Y JESUSEn este momento conocimos el Movimiento de espiritualidad conyugal “Equipos de Nuestra Señora” y pasamos a formar parte del mismo. Nos llamó la atención el amor existente entre sus miembros, cómo nos acogieron, el hecho de que nos valoraran y quisieran simplemente por ser nosotros, por nuestro nombre y no por el apellido, cargo o situación social que pudiéramos tener. Debemos confesar que para nosotros, la pertenencia al Movimiento ha supuesto un “antes y un después”. Hemos crecido como personas, matrimonio y como cristianos.

            Hemos aprendido a rezar en pareja. Él nos presentó, hizo nacer el amor y nos ha unido en cuerpo y en espíritu. Por ello nos presentamos ante Dios como matrimonio. Rezar en pareja nos ha permitido descubrir en el otro muchas facetas del alma que nunca nos mostrábamos y que no compartíamos. El desarrollo de la espiritualidad conyugal nos ha permitido avanzar también como cristianos al invitar a Dios a participar en nuestras vidas, notar su presencia y poner las mismas a su servicio. Hemos entendido que el Amor proviene de Dios y que cada uno de nosotros debemos ser el reflejo de este Amor. Hemos comprobado la importancia de la formación en el cristiano. También nos hemos dado cuenta de que, como cristianos, tenemos que vivir la fe en comunidad, tanto en nuestra familia, la parroquia como en nuestra diócesis. Ahora entendemos que el quinto mandamiento de la Santa Madre Iglesia no consiste en depositar un euro los domingos en misa.

Sobre todo, hemos descubierto la faceta, muchas veces olvidada, del Dios Padre amoroso que nos quiere como se quiere a un hijo, conociendo sus defectos, escuchando y perdonando siempre. La condición de sentirse hijo de Dios es nuestro mayor bien. Nadie ni nada puede arrebatárnoslo. Hemos pasado de tener fe, creer en la existencia de Dios, a tener confianza en Dios. A veces las circunstancias de la vida hacen que nos cueste mantener esta confianza en Él. No entendemos sus designios ni los “porqués” pero siempre acabamos diciéndole hágase tu voluntad. Si Él lo quiere así, seguro que es lo mejor para nosotros y para su Plan de Salvación. Pero el ser hijos de Dios implica que también somos hermanos del resto de los hombres. Amar a Dios significa hacer Su voluntad. Su voluntad, lo que quiere de nosotros, es que amemos y cuidemos de nuestros hermanos. No podemos pretender amarle y no amar al resto de sus hijos. Cada uno de nosotros debe tratar de encontrar la forma de servir a los hermanos. No podemos vivir nuestra fe de forma aislada.

Sabemos que no somos perfectos. Que todos tendemos hacia la santidad, pero que la santidad no sólo es un fin sino también un camino. Un camino que nos conduce a Dios y Jesús es éste Camino. Hemos decidido emplear nuestras vidas en recorrer este camino pero recorrerlo juntos, apoyándonos, ayudándonos mutuamente, porque muchas veces el camino es estrecho, sinuoso y empinado, otras nos paramos, nos perdemos o, incluso, retrocedemos. Pero merece la pena realizarlo, da sentido a nuestras vidas. Por ello, os animamos a realizar la travesía y os pedimos que nos ayudéis con vuestras oraciones a seguir el nuestro y que tendáis una mano a todos aquellos que encontréis en el vuestro. ¡Ánimo, no estáis solos!

Inmaculada y Jesús. Marzo de 2013.

Testimonio de Antonio Gómez Ortiz. Profesor del Colegio San Juan Bosco de Puertollano y miembro del Consejo Arciprestal

       Mi época de niño, trancurrió siempre queriendo ayudar a misa como monaguillo de la parroquia de S. Antonio de Padua y así fue, mientras mis amigos jugaban toda la tarde en la calle, yo que también lo hacía, llegada la hora me marchaba a la parroquia a rezar el rosario y ayudar a misa de la tarde.

      Mas tarde cuando iba 14 años, recibí una invitación a formar parte de un grupo joven de la parroquia, en la invitación se nos decía que nos iban a preparar para recibir el sacramento de la confirmación. Me preparé durante dos cursos y el 22 de Septiembre de 1984 era confirmado por D. Rafael, en una celebración multitudinaria y espectacular, pues hasta entonces no se había celebrado este sacramento en Puertollano desde hacía bastantes años. Este fue el gran encuentro que impulsó en mi el seguimiento a Jesucristo. Con él me encontré este día con la frase lapidaria del beato Juan Pablo II. “NO TENGÁIS MIEDO, ABRIID DE PAR EN PAR LAS PUERTAS A CRISTO”.con María Auxiliadora

      A partir de aquí comencé a trabajar por el reino de Dios, intentando seguir lo más cercano posible a Jesucristo. Comencé en un centro juvenil que las Religiosas de María Inmaculada tenían en la Parroquia de S. Antonio, allí mi ilusión era trabajar por las misiones y así estuve siempre, trabajando por las misiones... catequesis, grupos de confirmación...

      Esta comunidad de religiosas se marchan de Puertollano y Dios me tiene otro plan, lo mío, trabajar con y por los jóvenes, así entro a formar parte de la familia salesiana de Puertollano. A seguir trabajando con los jóvenes. El párroco me ofrece la tarea de encargarme de la pastoral familiar de la parroquia y participar de la formación de los novios antes del matrimonio a través de los cursillos prematrimoniales y siguiendo la llamada del Señor a través de él intento acercar mi vida de matrimonio a las parejas que van a poner a Dios en su vida casándose por la iglesia.

      Tengo dos hijos a los que intento inculcar y hacerles presente a Jesucristo en su vida y en su encuentro personal. El Señor en uno de ellos me hizo ver otra realidad por la que no había pasado mi Fe en él. Fue la enfermedad. Me encontré de frente con el mundo del dolor que hizo que mi fe se fortaleciera tanto que en el hospital ayudaba a tantos padres desesperados y que no encontraban la fortaleza espiritual necesaria para ver a Jesucristo en el dolor de los hijos. El Señor me dio muchas fuerzas para vivir la enfermedad desde el punto cristiano. Así si que se entiende.

      Ahora sigo en lo mío, y en lo que siempre he sabido hacer, intentar mostrar a Jesucristo cada día en cada acción y en cada momento de mi vida. Se es muy Feliz cuando te fías de Él y cuando te dejas llevar por donde él te indique. Basta decir cada día, “Señor qué quieres que haga hoy por ti y a favor de las personas que se me acerquen” y él te mostrará lo que hay que hacer. Demos gracias a Dios por todo.

 

 

 

TESTIMONIO DE FE DE PEDRO CRESPO ARIAS. PÁRROCO DE LA PARROQUIA DE VIRGEN DE GRACIA DE PUERTOLLANO

 

Un día se me acercó una persona y me preguntó: “Pero, ¿tú, crees en Dios?”. Ya me había pasado más veces en otros contextos. La pregunta y las circunstancias requerían una respuesta breve. Yo, sencillamente, le contesté (creo que inspirado por el Espíritu Santo): “Algunos días creo que Dios cree en mí”.

Esta realidad me llevó a escribir esta “versión” del credo niceno-constantinopolitano, en una festividad de san Pedro, con el ánimo no de “suplir” al credo de la Iglesia, sino de expresar los misterios de la fe del credo desde mi vida.

Credo:pedro 120908

Algunos días pienso que Dios Padre cree en mí; me siento criatura en sus manos, sin nada que temer del pasado ni del futuro porque él me ha creado; me vivo como hijo, vuelto del vacío del mundo, en la casa del Padre. Creo en la vida repleta de realidades invisibles, que asaltan mi corporalidad, interpelando toda mi materia, y me abren al más allá. Esos días son hermosos de vivir.

Algunos días pienso que Jesucristo cree en mí; me siento hermano del Hijo Único y hermano de los hombres y mujeres de nuestro mundo; soy consciente de la eternidad que vive en mí como semilla que cultivar; me vivo como emanación de Dios, de su Luz, de su Ser y noto como se va gestando en mi interior la Vida que Cristo me regala y que me hace semejante a él. Algunos días soy capaz de elevarme sobre la tierra y contemplar a Jesús, nacido de María, que se acerca a mí, humano y fraterno. También hay días en los que el peso de la cruz me puede, me paraliza y me sepulta bajo la tierra; en esos días sé que Jesucristo sigue creyendo en mí, aunque llego a pensar que me ha abandonado. Esos días me han dado experiencias de resurrección, cuando he visto renacer vida de las cenizas; días que me han abierto al horizonte de la vida más allá de la carne. Son días que me adentran, de la mano de Dios, en el misterio del mundo. Creo que mi vida cobra sentido desde los valores del Reino: Amor, Justicia, Paz, Verdad..., que predicó Jesucristo y, desde él, aprendo a juzgar con misericordia mi vida y la de todos los que me rodean. Esos días son hermosos de vivir.

Algunos días pienso que el Espíritu Santo cree en mí, cuando fluye la vida en todo mi ser, y gozo de todo y con todo; caigo en la cuenta de que, en momentos cruciales de mi vida, me he abandonado a él y me he dejado guiar por su soplo y me sobrecojo; me siento inmerso en el misterio de comunión del Padre, el Hijo y el Espíritu y descubro la verdadera procedencia de mi ser. Creo que el mundo proclama la gloria de Dios y descubro la voz del Espíritu en tantos profetas de nuestro tiempo. Esos días son hermosos de vivir.

Algunos días pienso que la Iglesia cree en mí, cuando me llama y me confía la misión de anunciar el Evangelio a mis hermanos, y deposita, en mi barro, el tesoro de la fe. Me siento, en la Iglesia, unificado, a pesar de las tensiones que me dividen; santo, a pesar de los valores del mundo que me atraen; católico, a pesar de las preferencias que limitan mi entrega; apostólico, a pesar de las comodidades que dificultan en mi la misión. Creo en la fuerza regeneradora de la gracia, recibida en el Bautismo, que posibilita en mí el germen de la vida eterna y me regala la confianza de un futuro en la presencia de Dios. Esos días son hermosos de vivir.

Algunos días creo que Dios cree en mí. La experiencia de esos días invade todo mi tiempo, incluso “los otros días”, que van siendo regenerados y redimidos.

Pedro Crespo Arias,

Sacerdote

 

Una experiencia creyente: como los primeros cristianos.

Una experiencia creyente: como los primeros cristianos.

MARÍA DEL CARMEN ORTIZ CAPARRÓS

Miembro de la Institución Teresiana

          La Institución Teresiana, es una “Asociación Internacional de fieles laicos, integrada por hombres y mujeres y fundada por San Pedro Poveda en 1911. Pretende, la promoción social mediante la educación y la cultura, y quería que los miembros de la I.T. tuvieran por apatrona a Teresa de Jesús buscando en ella la inspiración de una vida plenamente humana y toda de Dios.

              Poveda, descubre en los primeros cristianos un modelo de referencia básico y una forma original de vivir, encarnando la fe en el entramado de la realidad cotidiana.

            En 1950, viene la Institución a Puertollano al Colegio de Calvo Sotelo, hoy Repsol. Yo fui de las primeras alumnas. El estilo de vida, la espiritualidad creyente, la alegría de las personas, la entrega incondicional a todos, el interés por las personas, el clima de libertad y alegría a la vez que de responsabilidad, se respiraba y lo captábamos por ósmosis. Estos testimonios de vida, me interesaron siendo adolescente, y en el año 1953, pedí conocer más a fondo la Institución. Me entusiasmo su vida y misión, la misión de Jesús, la misión de la Iglesia, de tal forma que desde ese momento, mi encuentro con Jesucristo fue definitivo. Desde entonces soy feliz en la Institución y si mil veces viviera, creo que mi seguimiento de Jesús sería en la Institución Teresiana.

Doy gracias a esas primeras, que supieron vivir y transmitir el Carisma de esta Obra, Obra de Dios, Obra de la Iglesia, como decía Poveda. Un carisma que busca el dialogo de la fe y la cultura.

         Gracias al Dios que con ternura tocó mi corazón, me llamó y me dio la gracia de responder a su llamada.

Gracias, Señor, por la Idea Buena de Poveda.

          Don Jesús Jiménez-Ortiz, que en paz descanse, cuando pensó construir el Colegio San José, para dar respuesta a las necesidades educativas del Barrio de las 300, pidió a la Institución Teresiana, se hiciera carga de la gestión Pedagógica y formativa en el Centro en el año 1968. Desde entonces es significativa la presencia de la Institución en la Parroquia San José: tanto en el Colegio como en el trabajo con jóvenes y adolescentes, a través del Movimiento Acit Joven y Pre.Acit.