LAS TRES PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO . Por D. Lorenzo Trujillo Díaz

 

        Me refiero a tres palabras o frases que considero claves para interpretar la misión petrina tal como la entiende este Pontífice. Quizá podríamos hablar de "las tres gracias" que Dios aporta a la Iglesia por su mediación. Con un par de advertencias: que los comentarios que las amplían son el eco subjetivo de las mismas en quien escribe; y que, si el desarrollo que hacemos se aproxima a la verdad, aún es preciso distinguir entre las intenciones iniciales y los resultados finales. Estos últimos no dependen únicamente de la voluntad del Papa; tienen que ver con la respuesta de la Iglesia, pastores y fieles, de su colaboración leal con el sucesor de Pedro. Además, en el camino de la Iglesia se cruzarán factores inesperados, acontecimientos y urgencias no previsibles. Y, sobre todo, irá por delante la acción sacerdotal del Señor, su señorío sobre la Humanidad. Se trata solamente de subrayar indicios, deseos, pistas. E invitar a rezar. 

 

1.Me llamo Francisco

Según ha relatado él mismo, el nombre lo decidió tras oír las palabras de ánimo del Cardenal Hummes, al estallar el aplauso que corroboraba la mayoría de votos superada; este, al parecer, le pidió que no olvidara a los pobres. Bergoglio decidió llamarse Francisco pensando en Francisco de Asís, el poverello. En perfecta continuidad con su vida ministerial de amor a la pobreza y a los pobres, de distanciamiento del poder, de sencillez y humildad. El nombre es el programa. Pero, ¿qué sugiere este nombre como "programa" pontificio?

1.1.Iglesia pobre para los pobres.

En una conferencia anterior —también publicada en esta página— sobre la renuncia de Benedicto XVI, subrayé el hecho evidente de que el Postconcilio como

receptio trabajosa y polémica había terminado; que ahora, desaparecidos aquellos grandes obispos y teólogos, empezaba de verdad el desarrollo del Concilio como hecho y doctrina de comunión. Cincuenta años, cincuenta días, cincuenta: un año de gracia. Uno de los puntos claves del Vaticano II fue la llamada a la pobreza y al servicio a los pobres. El 7 de diciembre de 1962, al finalizar la primera sesión, el Cardenal Lercaro pronunció en el aula un discurso memorable. Decía, tomando palabras de Juan XXIII: "El misterio de Cristo en la Iglesia es siempre, pero sobre todo hoy, el misterio de Cristo en los pobres porque la Iglesia es la Iglesia de todos, pero sobre todo es la Iglesia de los pobres". La puesta en práctica, heroica pero inmadura muchas veces, de esta llamada del Señor produjo mártires, víctimas y, por desgracia, también celotes. No es fácil distinguir siempre. Dividió a la misma Iglesia. Ahora, esa llamada, madurada en el sufrimiento, en el silencio, en la oración, emerge limpia de ganga, encarnada en un hombre probado, libre de ideologías y totalmente fiel al mandato, Francisco. Viene la "segunda oleada", que, a mi juicio, se distingue de la primera globalmente por superar el lenguaje y la realidad de opción ("opción por los pobres", elección que uno hace), y abrirse a la realidad de la misión encomendada, de la vocación dada. Es ahora la Iglesia, Pedro, quien envía; no es preciso optar sino obedecer. Y dado que no se trata de "opción" a la medida del propio carisma o deseo, el paso que se anuncia es de otro estilo: más humilde, sin pretensiones de libertadores. Cercanía, fraternidad real, anuncio de Jesucristo: Los pobres son evangelizados.

1.2.Un estilo de gobierno

También en la conferencia aludida, atribuía imaginativamente a Benedicto XVI una inexistente encíclica que, con más atrevimiento aún, nombraba como Vos Non Sic (No así vosotros). El deseo y la llamada latentes en la renuncia del anterior Pontífice se convierten ahora en el nombre del actual. ¿Qué nombre mejor para expresar el sueño de Benedicto XVI? Este nombre significa el rechazo del "cursus honorum", de la carrera eclesiástica, de las luchas por el poder. Su discurso en la Misa del Inicio del Ministerio Petrino ha interpretado así dicho ministerio eclesial; pero, al  tiempo, ha instado a los líderes del mundo a servir, a ser custodios de la creación y de los desheredados. Por tanto, el nombre elegido es el anuncio de un estilo de gobierno eclesial, y de una invitación a los gobernantes del mundo a seguir este camino de servicio.

1.3.Ternura y misericordia

La elección del nombre supone, finalmente, una llamada a la caridad como característica de la vida cristiana. La aparente ruptura de estilo entre Benedicto y Francisco —un piadoso herr professor de fama mundial que descansa interpretando al piano sinfonías clásicas, y un párroco-obispo, bien formado teológicamente y aficionado al tango porteño— encubre en realidad una continuidad muy fuerte entre la predicación del Papa anterior y la actitud pastoral de este. Recuérdese que la primera encíclica de Benedicto XVI, su primera enseñanza oficial a la Iglesia, fue sobre la caridad. Este, Francisco, pone el gesto y la libertad. La misericordia infinita de Dios pasando por el hombre y renovando todas las realidades humanas. Misericordia, ternura, afecto; eso sí, reales, eficaces, no meramente sentimentales.

2.Soy Obispo romano

Lo ha destacado desde el comienzo. La primera felicitación pública, durante su aparición inicial recién elegido, fue para el Obispo emérito de Roma, frase que el comentarista cambió por Papa emérito. Se presentó ante la multitud que llenaba la Plaza de San Pedro como Obispo de Roma, ¡habló a los romanos!, sus diocesanos, antes que al mundo (¡y sólo en italiano!) y ha declarado su intención de evangelizar la ciudad ayudado por su Vicario. En una palabra, se siente Obispo de Roma, pues en eso consiste el pontificado. A su lado, tanto en el momento inicial como en la visita a Santa María la Mayor para rezar por el pueblo romano, siempre el Cardenal Vicario. Lo ha manifestado continuamente y de muchas maneras. Se siente  Obispo de Roma y, como tal, Pontífice de la Iglesia Universal desde la Iglesia que preside la Caridad ecuménica. Un Papa romano. La vieja sede diocesana, San Juan de Letrán, recuperará una significación que la construcción de la Basílica de San Pedro y su columnata abierta para abrazar al mundo hizo olvidar. Por cierto: ¿tiene sentido desglosar el inicio del pontificado de la presentación pública como Obispo de Roma? ¿Son dos cosas distintas? Y de separarlos, ¿tiene lógica poner antes el de Pontífice que el de Obispo romano? ¿No se deriva aquel de este? Vuelvo al hilo: habrá que ver qué agilidad de movimientos le permitirá su condición de Jefe de un Estado en el interior de otro Estado, pero parece seguro que no va a delegar del todo la tarea pastoral sobre su Ciudad episcopal. ¿Qué puede significar esto?

2.1. Episcopado e Iglesia particular.

En primer término, una explícita recuperación de la teología de la Iglesia particular y del episcopado. Ambas realidades han sufrido cierta paralización en los últimos pontificados. Veo tres motivos que pueden explicar esta relativa parálisis:

- La concentración de la pastoral mundial en la persona tan recia y significativa de Juan Pablo II. La grandeza de este Pontífice, su presencia en los medios, quizá ocultó un tanto la importancia del episcopado. Era un momento crítico, de dispersión y fragmentación, y la Iglesia se concentró sobre el ministerio encargado de la unidad. Pero hasta los mejores medicamentos tienen efectos secundarios negativos. El episcopado quedó en la sombra.

- El excesivo protagonismo de los nuevos movimientos, apiñados en torno al Papa, realzando su ministerio y defendiendo los valores de la vida amenazados por la cultura de la muerte. Un gran don de Dios que hay que mimar para que siga dando sus frutos; pero quizá llega el momento de que diócesis y parroquias emerjan pastoralmente y sean el lugar propio, la base de la evangelización, los centros misioneros locales. Quizá estemos cercanos a un cambio de nombre para cambiar la realidad: de parroquia a misión local.

 

- La lenta, ambigua y dificultosa realización de la unidad obispo-presbiterio que auguraba el Vaticano II y que desarrolla Pastores Dabo Vobis. El presbiterio no ha pasado de ser la suma de presbíteros individuales; los fieles solamente contemplan a "su cura"; los obispos todavía no aparecen como el Esposo que llega sino como los delegados del Gobierno central; aman a sus presbíteros, pero raramente sueñan con un Presbiterio; han de enfrentarse a asambleas seudodemocráticas o bien prescindir del Consejo de presbíteros entreteniéndolos con banalidades. Hace falta tiempo, oración, esfuerzo... y gracia. Esta lentitud ha pasado y pasa por figuras algo parciales de obispos (muy dados al diálogo con el mundo hasta silenciar verdades esenciales, o muy enclaustrados en la liturgia y en la administración diocesana; muy "a su aire" o muy dependientes de la Curia; muy disueltos en sus consejos y asambleas o muy al margen de ellos). El número de fracasos pastorales ha dejado excesivamente en manos de la Curia romana el nombramiento y traslado, y ha convertido a muchas diócesis en lugares de paso sin relevancia —diócesis virtuales—, existentes sólo para preparar obispos para las grandes diócesis. Sin exagerar los cambios, parece poder pensarse que la tendencia del nuevo Papa es devolver al episcopado y a las diócesis su importancia teológica y pastoral.

2.2.Colegialidad

Con ello no hay duda de que se puede dar algún paso en la dirección de profundizar en la colegialidad. Dos líneas de desarrollo aparecen como complementarias:

- Equilibrar la misión pontificia con la episcopal desde la más honda tradición patrística, tal como el Vaticano II lo hizo para completar la definición del Primado del Vaticano I. Sin negar, por supuesto, el Primado, pero renovando el modo de ejercicio.

- Recuperar la "episcopé" o autoridad episcopal más como dedicación a la oración y la predicación (Mc 3,14; Hch 6,2.4) que como gerencia revestida de jurisdicción. Evacuar, en lo posible, el diaconado del sacerdocio para que este lo sea de verdad.

Quizá ello conlleve revitalizar el Sínodo de los Obispos, siguiendo y superando la línea de Benedicto XVI en el último, y poner realmente la Curia al servicio del episcopado y no sobre él: las diaconías al servicio del sacerdocio, no al contrario. Se requiere para ello un espíritu de comunión y no de confrontación. Esta elección puede ser el comienzo. Quizá la reforma de la Curia, más allá de su reestructuración o adelgazamiento, radique en la libertad del Pontífice para relacionarse con el episcopado y trabajar con él.

2.3. Ecumenismo

Por último, la colegialidad episcopal, servida desde la Iglesia de Roma y por su Obispo como Sumo Pontífice, no cabe duda de que beneficia el camino de la unidad entre los cristianos. Los cristianos ortodoxos, muy cercanos a la herencia patrística en estos temas, no aceptarán un primado real y eficaz que no sea, en su teología, en su praxis, en su estilo, netamente episcopal, sacerdotal. La asistencia del Patriarca griego a la Misa referida es un signo. No se logrará solamente por esto, pero puede ser un factor muy importante y positivo.

3. Vengo del fin del mundo

"... Saben que el deber de un cónclave es dar un obispo a Roma y parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo al fin del mundo, pero ya estamos aquí". Una frase casual, bromista, seguramente recordando la de Juan Pablo II en su presentación (obispo venido del frío), pero que puede tener muchas lecturas y puede resultar profética. Veamos:

3.1. De la periferia

Del extrarradio del mundo... europeo. De América, continente católico en grave crisis tanto político-económica (fracaso de la democracia oligárquica, populismos revolucionarios) como religiosa (evangelismos sectarios). El Papado se libera de Italia, como se liberó de los Estados Pontificios. Es tanto como decir de la Curia. América, África, Asia, entran significativamente en el centro de la Iglesia: esta se universaliza, todo ello en perfecta línea con el Vaticano II. La gran preocupación de los últimos pontífices (parece) ha sido la apostasía de Occidente, hasta el punto de la constitución del nuevo Secretariado para la Evangelización por obra de Benedicto XVI. Ahora, tras una noche bregando sin pescar nada, parece que suena la voz del Señor indicando a Pedro que eche la red a la otra orilla. Si la Iglesia fue, primero, oriental desplazándose hacia occidente; luego, europea y mediterránea; ahora se hace verdaderamente mundial. Aquellas tesis de Walbert Bühlmann (

La Tercera Iglesia a las puertas), filtradas por el tiempo y la historia, empiezan a ser visibles. Era de Dios. Un desplazamiento geográfico, cultural y de estilo. Quizá con un fondo que desborda la geografía: ¿no serán los pobres los gentiles de hoy? ¿No serán ellos la otra orilla? ¡De nuevo Francisco!

3.2. Del final de la historia.

Los momentos intensos en la historia del cristianismo son instantes en que el Señor de la Historia viene a acelerar el final, a hacer presentir la Venida en gloria. Cronos, el tiempo continuo, "eterno", cansino y crónico, es atravesado por una ráfaga de novedad, el Kairós que es Cristo. De aquí la fuerza escatológica, la novedad y aceleración de estos momentos de gracia. En una ponencia sobre la santificación del ministro en la administración de los sacramentos, me atrevía a sugerir que los sacramentos cristianos no son simbolismos terapéuticos vinculados a la gracia por voluntad arbitraria de Dios, sino intro-misiones reales del Verbo mediante el signo eclesial para abrir paso a la Venida, presencias anticipadas a la fe y para la fe. Todo sacramento se sitúa en el límite del tiempo. Y el ministro de los mismos, si está en su sitio, también. Este, el ministro, es el bautizado que, conducido por la llamada sacramental junto al Sacerdocio eterno del Señor, es devuelto a la Iglesia para hacer presencia de Jesucristo en la Comunidad. A veces nuestras palabras dicen más de lo que nosotros pretendemos en un momento. La frase del Papa podría  contener esa vivencia escatológica que vive hoy la Iglesia, esa irrupción de un kairós o tiempo nuevo, con una cierta ruptura. ¿No entendieron así a Francisco en su época? La devolución de sus vestidos al padre, la predicación del mensaje sencillamente, la reproducción de las llagas... ¿No fue Ignacio un presente del futuro de la Iglesia concedido por el Espíritu? Invitados especiales a esa primera Misa fueron los ministros generales de ambas órdenes que, realmente, representaban a toda la vida religiosa como irrupción y adelantamiento del futuro absoluto que nos aguarda por pura gracia. ¿No está relacionada esta dimensión con la novedad de la Nueva Evangelización, con la urgencia del tiempo, con la necesidad de centrarse sobre lo esencial y dejar lo accesorio? ¿No preludia ese franciscanismo del amor a las criaturas y ese jesuitismo de la utilización eficaz de los medios humanos la reconciliación entre creación y salvación en Cristo?

3.3. En el límite que es la Cruz

"Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su Hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" (Jn 13,1). El extremo es la Cruz, el fin del mundo de pecado, su derrota final y definitiva. La Cruz es la revelación del límite ilimitado del amor divino, es lo último en la lucha contra el mal: el último crimen y la última gracia, el último día y la última entrega.

Si esta lectura de indicios es más o menos acertada, puede colegirse que, pasados los primeros momentos de "enamoramiento mediático", empiecen a surgir voces de desencanto y crítica; tampoco sería extraño encontrarse con fracasos o resultados muy pobres en la reforma anunciada por los gestos. ¿Podrá el Papa mantener el mensaje de pobreza sin que le acusen, por un lado, de demagogo, y, por otro, de caridad espiritualista vacía de análisis estructural? ¿Se debilitará en apariencia el peso universal del pontificado si se sitúa como Obispo real de Roma? ¿El estilo parroquial de homilías y de futuras encíclicas no será recibido por las elites "intelectuales" europeas como un simplismo impropio de su categoría ministerial? No es fácil vivir el Evangelio y menos desde una  responsabilidad tan amplia, con tanta historia y con tantos condicionamientos. El rol, todo rol, está construido en gran medida por las expectativas sociales, por lo que se espera de un oficio o papel social. ¿No defraudará unas expectativas tan complejas y contradictorias? La persona, sin embargo, va más allá del rol y pone su impronta sobre él, sobre todo si vive en Cristo. Y la persona que acompaña el camino del Señor, antes o después, es por otros atada y conducida a donde no quiere. ¿No pidió la muerte de Jesús la misma multitud que antes lo aclamaba? "Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús" (Gal. 6,17), sus llagas o estigmas. ¿De nuevo Francisco?

En la alegría del momento se vislumbra también la Cruz. ¿Cómo no? Pero vuelvo a repetir una vez más lo dicho ante la renuncia de Benedicto XVI: es el Señor quien dirige los caminos de la h

istoria hasta que desemboque en Dios. En él confiamos plenamente y a él encomendamos con devoción de hijos-hermanos al sucesor de Pedro, al Papa

Francisco, Obispo romano, venido del fin del mundo.

 

¡Adiós, Benedicto XVI!. ¡Gracias, Gracias!.

        Por Mª del Carmen Ortiz Caparrós, miembro de la Institución Teresiana.

 

         No puedo empezar de otra manera, que diciendo: gracias, Benedicto XVI. Gracias, por tu vida, por tu entrega incondicional y sencilla, por tu esfuerzo en dejar las cosas claras, tu gesto de perdón o silencio, cuando se revolvían contra el Papa. Has sido valiente, verdadero, eficiente y fiel en la misión encomendada. Tu gesto de reconocimiento de las dificultades, de no arrogarte al poder, de amor sobre todo a la Iglesia, es un gran ejemplo que has dado hasta el final.

        Gracias por tu doctrina clara, entrañable y pastoral a la vez que teológica y profunda, estimulante y esperanzada.

        El amor y el perdón, ha sido la gran lección y el gran móvil de tu mensaje y de tu vida. Gracias.

       Recuerdo una frase que pronunciaste, casi el primer año de tu Pontificado: “la debilidad de Dios es la misericordia” ¡me ha hecho tanto bien, acudo tantas veces a ella!, y siempre me resuena a nueva…!

        El 12 de Febrero, domingo, una multitud de doscientas mil personas esperaba pacientemente en la plaza de San Pedro, el corazón del catolicismo. Llegadas de distintos países y personas provenientes de diócesis, parroquias, movimientos, comunidades.

        A las 12, Benedicto XVI se asomó a la ventana de su estudio en el Vaticano para recitar el Ángelus, como todos los domingos, pero este era especial, era el último Ángelus del papa Ratzinger, antes de la audiencia general en esta misma plaza, con la que se despedirá de los fieles de la Iglesia católica antes de su retiro. Luego, tras despedirse de los cardenales, en helicóptero a Castel Gandolfo y luego al monasterio Mater Ecclesiae en el Vaticano.

         No abandonas la Iglesia, desde la oración la acompañarás. Porque como tú bien deces:

"Orar no es aislarse del mundo sino que reconduce al camino, a la acción  Dios me llama a "subir al monte" pero no significa abandonar a la Iglesia. Si me pide esto es para poder servirla con la misma entrega y el mismo amor de siempre

Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios la siento de modo especial dirigida a mí, en este momento de mi vida. Si Dios me pide esto es justamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero en un modo más adecuado a mi edad y mis fuerzas. Invoquemos la intercesión de la Virgen María: Ella nos ayude a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa. (del último Ángelus del Papa Benedicto XVI).

       La lección importante que nos dejas es la necesidad de la oración, sin la cual todo empeño evangelizador y de la caridad se reduce a un mero activismo. Y junto a ella la humildad, la sencillez y la verdad. Gracias

 

¿ES POSIBLE VIVIR CON ESPERANZA?

¿ES POSIBLE VIVIR CON ESPERANZA?

Acto del comienzo de curso en el Colegio Concertado “Santa Bárbara”

(Barrio de San José)

 

            Agradezco la invitación que Manolo me ha hecho, como también ha hecho los anteriores años, así como a la directiva del colegio y de la fundación.

            Puede parecer extraño que en algo que no es estrictamente religioso como es este acto me hayáis llamado a mí, sacerdote en este barrio de las 309 viviendas, para que os transmita un mensaje que como podéis imaginar va a ser siempre cristiano, dando testimonio de la fe recibida y compartida.

            Creo que la Iglesia debe estar presente allí donde se le invita, siempre que sea para construir, para estrechar lazos. Eso sí, con dos principios que creo que son necesarios: sin perder la identidad, sabiendo que el mensaje cristiano no se puede esconder; y al mismo tiempo sabiendo la Iglesia que debe presentarse con respeto hacia otras formas de pensar y de creer.

Dicho esto, la reflexión que esta tarde quisiera compartir parte de la pregunta que muchas veces me he hecho y a la que he encontrado respuesta de si ¿es posible vivir con esperanza?

Muchos son los medios de comunicación que nos informan diariamente de todo lo que ocurre en el mundo. Seguramente que si leemos el periódico o encendemos la televisión para ver el telediario, sabemos la temática de las diversas noticias que nos van a informar: conflictos bélicos, disputas políticas, crisis económicas, sentencias judiciales, polémicas sociales… La gran mayoría de los titulares que nos llegan son negativos, cargados de pesimismo, por lo que hoy más que nunca hace falta que nos hagamos esta pregunta: ¿es posible vivir con esperanza? Quizá haya mucha gente que no tenga respuesta, o que lo haga de forma negativa, pero los cristianos tenemos motivos para responder, para intentar dar sentido a los interrogantes fundamentales de la vida.

            Esta pregunta me la hago y os la hago cuando estáis la comunidad educativa del Colegio de Santa Bárbara de Puertollano inaugurando el curso, cuando pueden aparecer interrogantes que nos hagan dudar de nuestras capacidades a la hora de afrontar un curso nuevo, cuando en los tiempos que corren aparecen también momentos de incertidumbre ante la coyuntura económica existente.

La respuesta cristiana es muy clara: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda infecundo”. Es decir: para sacar fruto hay que desvivirse primero con lo que uno está haciendo, para valorar las cosas hay que esforzarse por ellas. Cristo murió antes de resucitar, entregó por amor su vida para que nosotros la tuviésemos en plenitud, y es que el Hijo de Dios entendió que la vida tiene que vivirse desde la virtud de la ESPERANZA. Así es como daremos sentido a lo que hacemos y lucharemos por ello

Cuando hay un futuro, una meta, tiene sentido todo lo que hacemos, aunque tenga que ser con esfuerzo y dedicación.

Así lo dice el Papa Benedicto XVI en su segunda Carta Encíclica cuyo tema es el de la Esperanza: « SPE SALVI facti sumus » – en esperanza fuimos salvados, dice san Pablo a los Romanos y también a nosotros (Rm 8,24). Según la fe cristiana, la « redención », la salvación, no es simplemente un dato de hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino.

El presente puede construirse y vivirse porque hay una meta, un futuro, un proyecto por el que nos esforzamos. Ese proyecto es el de la vida, que ha sido regalada en cada uno de nosotros, donde se nos pide que la vayamos construyendo y enriqueciendo. Ahí radica la esperanza cristiana, en la apuesta por el ser humano en todas sus dimensiones, teniendo como modelo al Hombre perfecto, que apostó por una humanidad nueva, libre de toda atadura, de toda ley alienante.

Es posible vivir con esperanza porque es posible construir un mundo nuevo; es posible vivir con esperanza porque desde la libertad podemos rechazar aquello que nos esclaviza; es posible vivir con esperanza cuando intentamos mostrar el mensaje cristiano que apuesta por la vida; es posible vivir con esperanza porque así nos lo muestra Jesús de Nazaret que apuesta por cada uno de nosotros, únicos e irrepetibles, creados a imagen de Dios. Es verdad que el camino tiene que hacerse con esfuerzo, sacrificio, pero al final será lo que verdaderamente valoremos, por lo que apostemos.

Ojalá que lo vivamos en este curso que comienza y siempre. Que cada persona que entre en este centro reciba un mensaje positivo, un mensaje integrador, un mensaje de esperanza. Que los que tenéis convicciones cristianas y os toca la responsabilidad de regir los destinos de este colegio, de esta fundación, no desistáis a la hora de mostrar el mensaje cristiano. Desde este hecho podemos decir que es posible vivir con esperanza.

Mirarán al que atravesaron

 

“Mirarán al que atravesaron” 

(Jn 19, 37)

SEMANA SANTA 2012

  

Así termina San Juan en su Evangelio el relato de la muerte del Señor en la cruz. 

         Esto lo dice para señalar que a Jesús no le quebraron las piernas como hacían los romanos con los ajusticiados en la cruz una vez  muertos, sino que le atravesaron el costado del cual salió sangre y agua. De ese costado nació la Iglesia, siendo la Eucaristía el centro de su vida. 

         Mirar al que atravesaron, contemplar a Cristo muerto en la cruz es un ejercicio donde me tengo que saber amado. Él me ama hasta el extremo, entrega la vida por mí. 

   Adentrarnos en el Misterio del Triduo Pascual es contemplar a quien siendo grande se hace pequeño, a quien estando en el cielo baja a lo más profundo de la tierra, a quien se abaja para humillarse, a quien es despojado, a quien invierte los parámetros humanos sorprendiéndonos. Él es el Hijo de Dios, el Señor, el Ungido. Él es a quien vamos a sacar a las calles de nuestro pueblo para ser contemplado: en el huerto de los olivos, amarrado a la columna, con la cruz a cuestas, crucificado, en los brazos de su Madre, yacente, resucitado de entre los muertos. 

    Vamos a ser espectadores del acontecimiento salvador, donde tenemos que mirar con los ojos de la fe y dejarnos impresionar. No es un acto cualquiera, es el desbordamiento del amor de Dios en cada uno de nosotros, en nuestra sociedad, y muy especialmente en todos aquellos que son discriminados por la posición social, económica, por la lacra del paro, por la enfermedad, por todas aquellas situaciones que no les hacen ser iguales en derechos y oportunidades. Ellos también contemplarán con una mirada de fe, porque el Amor con mayúsculas se derrama especialmente sobre ellos. 

    Al final, la Resurrección hará que la muerte en la cruz no sea un fracaso, sino que recobre un sentido pleno, porque quien ha muerto por nosotros vive para que tengamos vida abundante. Seguro que en nuestro barrio de la Parroquia de San José así lo viviremos.

 

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

  

Vuestro sacerdote

Pedro Antonio